Última actualización: 27.05.20

 

Los pies son el recurso más importante de quienes practican senderismo. Son la pieza que une al caminante al suelo y la que más sufre la ruta. Por eso es clave conocer la forma correcta de cuidar de nuestros pies y evitar molestias y lesiones propias de la ruta.

 

Cuando se trata de disfrutar de una buena ruta senderista, son muchas las cuestiones que debemos tener en cuenta. Entre ellas se encuentra preparar esa ruta, cargar la mochila o ver el pronóstico del tiempo. Pero también es importante tener nuestro cuerpo en forma para que la ruta no se acabe convirtiendo en un martirio.

Dentro de esta preparación, nuestros pies son una de las partes más importantes a cuidar. Pensemos que los pies son los que reciben el peso de nuestro cuerpo a cada paso que demos, sufriendo también los efectos del calor, de la humedad, del frío o del resto de molestias que puedan causarnos problemas.

 

Cuidados previos

Lo primero que debemos hacer para evitar problemas durante nuestra ruta es ser previsores y tener nuestros pies en buen estado. Esto requiere de una pedicura cuidada, de modo que las uñas estén siempre cortadas siempre en recto y con un tamaño adecuado. Esto impide que las uñas se encarnen en los dedos o que puedan engancharse a la hora de caminar en la zona de la puntera.

En paralelo, el resto de los pies también deben estar cuidados. Esto supone eliminar previamente elementos, tales como callos o durezas, que pueden resultar molestos a la hora de realizar la ruta. Y si tienes ampollas, es clave tratar las mismas adecuadamente con algún producto antibacteriano, cubriendo las mismas con un apósito para que no se dañen aún más. No obstante, lo más recomendable en caso de que haya ampollas es evitar caminar, a menos que sea estrictamente necesario.

Durante la ruta

A la hora de empezar tu ruta es importante que ajustes adecuadamente las botas sobre tus pies, mediante un correcto atado de las mismas. En este aspecto, el cordaje debe tener una tensión adecuada, ni muy elevada que apriete ni muy suave que permita que la bota se mueva sobre los pies, dañando así la piel.

Este apriete debe verificarse a lo largo de la ruta, comprobando que las botas mantengan una tensión correcta. También es importante caminar correctamente y evitar los giros o movimientos bruscos que no sean imprescindibles, puesto que estos también afectan a la piel de los pies. Por cierto, en caso de que te veas tentado a descalzarte en mitad de la ruta, ten cuidado, porque luego puedes tener problemas a la hora de calzarte de nuevo si tus pies se han hinchado.

 

Después de la ruta

Una vez que estemos de vuelta en casa, es el momento de recuperar el buen estado de nuestros pies. En función del kilometraje y la duración de la ruta, puede bastar con una simple ducha o bien puede ser necesario pasar los pies por sucesivos baños de agua fría y caliente, a fin de activar la circulación. Algo que podemos hacer también en la ducha, con el chorro correspondiente. No te olvides de secarlos bien para prevenir la aparición de hongos.

En caso de que tengamos algún tipo de herida o rozadura en los pies, será necesario curar las mismas mediante algún producto desinfectante tipo cristalmina o similar. También será conveniente proteger estas zonas en caso de que tengamos que seguir caminando al día siguiente, tal como hemos comentado antes. Lo mismo haremos con las ampollas, que nunca debemos reventar, sino que las pincharemos con una aguja limpia, dejando el hilo en el interior para que drene el líquido.

Remataremos este proceso aplicando una crema hidratante sobre los pies, con la que la piel recupera la elasticidad correspondiente. Es conveniente dejar los pies al aire después de todo este tratamiento, de modo que esa crema se absorba adecuadamente y la piel respire hasta la próxima vez que tengas que calzarte.

Las botas de senderismo son fundamentales

Aunque hasta ahora nos hemos centrado fundamentalmente en los cuidados inherentes al pie y la ruta, también es clave el calzado que llevemos durante nuestra ruta. Por eso, elegir las mejores botas de senderismo conforme a tu ruta y tus necesidades es otra de las formas en que puedes cuidar y prevenir posibles daños y molestias a los pies a la hora de caminar.

Para lograr estos resultados, no tienes más que elegir unas botas adaptadas al terreno en el que tengas previsto moverte, con la flexibilidad y el grado de protección necesarios para que puedas desplazarte cómodamente en el terreno. Estas botas deben contar con materiales de calidad, ser suaves en su interior y disponer de una adecuada ventilación, de modo que la humedad y el calor tampoco causen daños en los pies. Un aspecto en el que merece la pena gastar un poco más por tal de disfrutar de una adecuada comodidad.

 

Los calcetines también importan

Tan importantes como las botas son los calcetines que llevemos durante nuestra ruta. Pensemos que estos calcetines son el elemento intermedio entre el pie y la bota, por lo que su protección es clave para caminar. Por eso, es importante que apostemos por calcetines suaves y de un tallaje adecuado a los pies. Estos calcetines deben ser de algodón o poliéster y contar con un tratamiento antibacteriano, que impida la aparición de mal olor y otros riesgos para tus pies.

No olvides de elegir unos calcetines adecuados al tipo de botas que calces. Los tobilleros son adecuados para las zapatillas de senderismo, mientras que los calcetines de caña media y alta son los mejores para botas de este mismo tipo de caña. En el caso de los más largos, estos también se recomiendan para terrenos con mucha maleza o días fríos de invierno, para mantener el calor adecuadamente alrededor del pie.

 

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