Última actualización: 27.05.20

 

Solo se necesita una idea para lograr grandes cosas y estas mujeres, usando solamente hilo y aguja, se han propuesto cambiar su comunidad. Las mujeres de Inti Watana han logrado cambiar su realidad y las de las generaciones futuras, combatiendo la violencia y la falta de educación, mediante tradición y cultura.

 

Hace muchos años atrás, las mujeres tenían un solo lugar en la vida y este era el hogar. Que una mujer ganase dinero de forma independiente era impropio y que alzara la voz contra las injusticias era una deshonra a la familia, sin embargo, esto afortunadamente cada vez se va quedando en el pasado.

Las grandes ciudades son las primeras en adoptar los cambios, sin embargo, los pequeños pueblos tardan mucho más tiempo en salir del tipo de vida controladora de las generaciones pasadas. Inti Watana es un lugar que no parece que fuera parte del mismo país que la cosmopolita ciudad de Buenos Aires, pero, a pesar de sus diferencias, este pueblo de la Argentina cada vez alza más su voz para hacerse oír.

 

¿Qué es Inti Watana?

Aunque la electricidad y el internet son cosas sin las cuales la mayor parte de la sociedad actual no podría vivir, el barrio de Inti Watana está tan alejado de este mundo moderno que hasta hace poco no sabía lo que es tener suministro eléctrico y agua corriente. Esta región del pueblo de Huacalera se está adaptando con pequeños pasos.

Parece mentira que esta comunidad se encuentre tan cerca de la ruta 40, una carretera concurrida para el turismo cada día, pues muy pocos conocen la existencia de esta región sin asfalto y sin restaurantes 5 estrellas. Son solo 767 personas las que habitan en Inti Watana y, aunque su densidad poblacional es bastante baja, un grupo de mujeres ha logrado unir fuerzas para hacer juntas y combatir los problemas que todavía acechan a su comunidad: la falta de educación sexual y la violencia machista.

Este grupo de mujeres, que comparte nombre con el barrio, se reúne cada semana al menos unas tres veces. Verónica Cruz, la mayor de ellas, pasa sus conocimientos sobre el arte del tejido a las demás, conservando la técnica de sus antepasados que usaban como apoyo antiguos telares de pedales.

 

 

Su gran labor

Sus creaciones, además de ser hermosas, tienen un fuerte mensaje: lograr la independencia económica de las mujeres. Las Inti Watana han logrado crear una red de apoyo para otras dentro del mismo barrio que, además de ofrecer un medio de trabajo, también permite el desarrollo emocional de todas en base a la confianza, camaradería y respeto que existe entre ellas.

A pesar de que la provincia de Jujuy tiene muchísimos Centros de Atención de la Violencia de Género, las mujeres deben transportarse unos 28 kilómetros para llegar al más cercano. Esto, junto a la falta de comunicación, haceb muy difícil denunciar agresiones como también recibir una educación integral sobre la sexualidad.

Sin embargo, estas mujeres no tienen ningún problema en dirigirse a talleres sobre la violencia de género y distintos temas relevantes para compartir los conocimientos con sus vecinos. De esa manera, entre ellas se apoyan y promueven el libre diálogo, el compañerismo y contribuyen al activismo social dentro de su propio barrio, impulsando mensajes de respeto y equidad y proveyendo ayuda para las mujeres que lo necesitan.

A pesar del recelo de los hombres de la comunidad por falta de información, cada vez son más mujeres las que se unen y con sus propias manos irguen su centro cultural para promover la educación sexual entre jóvenes y la creación de actividades que unan a la comunidad.

 

¿Cómo lo hacen?

A medida que más mujeres se juntan en la casa de una de las integrantes del grupo, la jornada comienza y la producción aumenta. Este lugar que sirve de taller, tienda y también almacén se encuentra justo frente al centro cultural y allí tejen polainas, ponchos, calcetines, mantas y todo lo que se les ocurra fabricar con lana de animales como las llamas y las ovejas. Materiales adquiridos en pueblos cercanos.

Quienes no contaban con conocimientos sobre un oficio y no podían trabajar, ahora logran enseñar a otras mujeres que se encuentran en las mismas condiciones y expanden así el grupo para seguir promoviendo el avance social en su barrio.

Los mismos organismos gubernamentales admiten lo difícil que es capacitar a las autoridades y sensibilizar a hombres y mujeres para erradicar esta recia cultura machista de los lugares tan pequeños y tradicionales como Inti Watana. Así lo comunicó, por ejemplo, Soledad Sapag, directora de la Secretaría de Paridad y Género, pero, sin importar la adversidad, estas mujeres han tomado la tarea en sus manos y sueñan con verla convertida en realidad.

 

 

El legado

Con el dinero que ganan, el grupo está logrando que cada vez más mujeres encuentren una salida de su situación. En el taller consiguen un lugar seguro para compartir, aprender y ganar la libertad que antes no tenían.

Las que tienen hijos también encuentran su lugar con las Inti Watana, pues las veteranas se dirigen a cada una de las mujeres del barrio para invitarlas a unirse a la causa. Los niños juegan en el taller, mientras las madres tejen y confeccionan los artículos.

Algunas de ellas se dirigen a pueblos cercanos con mayor turismo a vender sus creaciones, sin embargo, cada vez más personas aprenden de ellas y, si todo sigue así, es cada vez más cercano el objetivo de que su tienda y su barrio, alejados de las avanzadas tecnologías actuales, se den a conocer.

Si alguna vez te encuentras en la ruta 40 y quieres salir de tu itinerario para conocer un pequeño pueblo, Inti Watana puede ser un buen destino. Allí, al comprar un producto no solo estarás adquiriendo una prenda cómoda y segura, sino también estarás contribuyendo a la libertad y la prosperidad futura de las mujeres del barrio.

Quizás encuentres las mejores polainas del mundo en su pequeño taller y puedas irte a la Patagonia luciendo un artículo creado bajo técnicas de antaño, por mujeres que no saben lo que es rendirse.

 

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